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Algo así. Grande, Ely; grande.

(Source: Spotify)

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I think we might be fuck-ups.

I think we might be fuck-ups.

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Sobre la amputación.

El entendimiento popular –un concepto maravilloso al que no encuentro sentido–, defiende con fervor que tras perder un órgano, el amputado siente la extremidad incluso meses después de la intervención quirúrgica.

Me imagino de pie, una tarde cualquiera, presa de una sed infernal. Me giro. Observo una botella de agua helada. Extiendo el brazo y no logro acabar con el ansia.

Entre la botella y yo sólo hay vacío. Creí extender el brazo pero no fue así. No tengo brazo.

La mente, otro de esos acuerdos sociales imposibles de entender, tortura al amputado con la pérdida.

Si bien el cerebro humano podría apostar por la resignación y desaparecer cualquier vestigio del órgano perdido; tan pronto bajan las defensas, el cuerpo se convence de que todo es como era y que entre el agua y yo todavía existe un brazo.

Ante el doloroso error, encuentro dos caminos:

Morir de sed o girar en otra dirección para acercar la botella con el brazo restante.

A sus ojos, caro lector, la elección parece fácil. ¿Qué tan difícil es recurrir al otro brazo?

Desde los zapatos del amputado, le aseguro, ¡Es una odisea..!

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Lección de inocencia

Mientras escribo estas letras, en el cuarto a mi derecha duerme un joven kazajo.

La familia del chico tiene sus raíces en Corea del sur, sitio del que emigraron durante la guerra de 1950.

En aquel momento, los abuelos del muchacho se instalaron en Tayikistán, pero otra guerra civil los forzó a refugiarse en el Kazajstán.

Para cuando la familia de este hombre se instaló en aquel país, él era un crío de apenas doce meses. 

Y acaso por las migraciones a temprana edad; a sus poco más de 20 años, este Don Juan recorrió medio mundo para encarar a su Doña Inés. 

(En realidad sólo viajó un cuarto de planeta pues vive en Canadá hace dos años. Además, su doña es don. Pero es mi historia y la cuento como quiero).

Decía; el chamaco se aferró a sus 20 otoños, me contactó a través de Couch Surfing y arregló un encuentro con el responsable de sus constantes suspiros.

Cuando me enteré de los detalles, sólo me quedó sonreír.

Me inscribí en una historia de amor tan tierna como ridícula.

Repasemos. Un niño decidió ahorrar, viajar y pasar tres semanas en un país del que no había escuchado. Y todo porque era el hogar de otro chilpayate de apenas 21 veranos, a quien encontró en sus paseos por la red hace no más de cuatro semanas.

Si bien debo admitir que la coyuntura sesgó mi óptica, pocos negarían que esto parece un chiste.

En mi mundo, lo cursi se ha vuelto idiota y este viaje es, por donde se vea, el epítome de la cursilería. Por decirlo suave.

Sin embargo, no me permito estos niveles de intolerancia. Me rehuso a llamar torpe a quien viaja 20 horas para mirar a los ojos de un desconocido.

De hecho, podría estar ante una enseñanza de vida.

Y es que, la pureza y credulidad que transportaron a este rorro son una lección de inocencia.

¡Y carajo..! Me encantaría haber reservado algo de ingenuidad para llevar a cabo una idiotez por mi cuenta.

Pero no; perra la vida. 

Hoy, miro por encima del hombro a este amor enfilado al abismo.

Para mi mala suerte, crecer es dejar de creer. Y en mi realidad, este cuento es ,ucha bobería.

Pero qué linda bobería, ¿a poco no?

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#GoZooey

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La muerte de Abel Antonio…

La muerte de Abel Antonio 
en mi tierra la sintieron los muchachos, 
fueron cinco noches que me hicieron de velorio, 
para mis nueve noches todavía me deben cuatro…

La crónica de una muerte… escrita por el muerto. Raro.

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Las tres guerras de México.

“En México se libran tres guerras actualmente. La del Estado contra las organizaciones criminales, la de estas entre sí y la de la parte limpia del Estado contra la parte contaminada, que es la más difícil de ganar”.

Raúl Benítez, investigador UNAM.

 

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Complementar

Completar y complementar, pese a las similitudes en la forma, son conceptos profundamente distintos.
El primero parte de una carencia, de la falta de elementos y de una existencia inacabada.
Complementar, por el contrario, implica un esfuerzo mayor. Es, desde mi óptica, un intento por lograr la plenitud.
Sin embargo, considero que para complementar es necesario partir de una estadía completa. Es decir, no hay forma de tratar de compenetrar existencias con miras hacia la plenitud si antes no se está completo.
Ahí, quiero pensar, se encuentra el talón de Aquiles del grueso de las relaciones humanas.
Doy por hecho que nadie se embarca en un acuerdo del que espera obtener poco o quedarse a medias. Por ello, al plantear la posibilidad de una nueva relación, las personas aspiran a un espacio de ensueño. A un mundo en el que el romance conlleva a la alegría y de ahí el siguiente paso es la plenitud.
No obstante, el proceso suele frustrarse pues no parte del punto que debiera. Muchos aspiran a complementar su existencia sin antes haberla completado.
¿Y qué resulta..?
Un esfuerzo inútil pues, en el mejor de los casos, se conseguirá la efímera sensación de una vida completa.
Pero no se equivoque, caro lector, eso no es plenitud. Y más pronto que tarde, se verá de vuelta en la búsqueda.

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Amputar

Sean las amputaciones urgentes o programadas, lo importante es decidir la altura del corte: saber hasta dónde amputar. Para evitar que queden resquicios de tejido enfermo pero, sobre todo, fabricar un muñon: traer un muñon al mundo.
Leila Guerrero.

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Los motivos de Pedro.

– Los dueños de hospitales me acusan por curar enfermos. Los vitivinicultores me odian por transformar el agua en vino. Los propietarios de panteones creen que afecto sus negocios por resucitar muertos… y en la izquierda me acusan de ser el jefe de los Chuchos.

– Estás grueso, maestro, yo por eso te tuve que negar tres veces

By Magú.

Vía La Jornada.

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